historia

La ONU Condena al Gobierno de G. W. Bush por Invasión a Panamá

Los hechos de la terrible e injusta INVASIÓN del ejército de los EEUU a Panamá (20 de diciembre de 1989), no pueden ser analizados sin considerar el contexto histórico en que se dieron, marcado por la «Guerra Fría», las tensiones y correlaciones de fuerza este – oeste; la «Perestroika» en la URSS; las luchas por la Liberación Nacional en Centroamérica; las gestiones del Grupo de Contadora; el programa ejecutado por el Pentágono y la CIA de intervención en la región; los intereses hegemónicos y geoestratégicos de las súper potencias de la época; la caída del muro de Berlín; el calendario descolonizador contenido en los Tratados Torrijos – Carter, etc.

El día 29 de diciembre de 1989, nueve días después de la genocida invasión extranjera a Panamá, la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en su cuadragésimo cuarto período de sesiones, aprueba la Resolución 44/240 «Efectos sobre la situación en Centroamérica de la intervención militar de los Estados Unidos de América en Panamá», que emite concepto condenatorio contra el Gobierno del Sr. Bush (La Resolución de la ONU aquí citada, puede ser vista en los archivos de la organización).

Como podrán observar, en su parte resolutiva señala:

«Expresando su profunda preocupación por las graves consecuencias que la intervención armada de los Estados Unidos de América en Panamá pudiera tener para la paz y seguridad en la región centroamericana:

  1. DEPLORA profundamente la intervención en Panamá de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de América, que constituye una FLAGRANTE VIOLACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL Y DE LA INDEPENDENCIA, SOBERANÍA E INTEGRIDAD TERRITORIAL DE LOS ESTADOS.
  2. Exige el cese inmediato de la intervención y la retirada de Panamá de las fuerzas armadas INVASORAS de los Estados Unidos.
  3. Exige también el pleno respeto y la fiel observancia de la letra y el espíritu de los Tratados TORRIJOS – CARTER.
  4. Exhorta a todos los Estados a que apoyen y respeten la soberanía, la independencia y la integridad territorial de Panamá.
  5. Pide al Secretario General que observe los acontecimientos en Panamá e informe a la Asamblea General dentro de las veinticuatro horas de aprobada la presente Resolución».

88a. sesión plenaria 29 de diciembre de 1989

Copia oficial de la Resolución 44/240 de 29 de diciembre de 1989, la pueden encontrar en el sitio web de la ONU.

La larga noche en que el ejército más poderoso del mundo asaltó nuestra patria

Regresaba de mi oficina en el IRHE (Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación) alrededor de las diez de la noche del 19 de diciembre de 1989; sonó el teléfono de la casa, era el Capitán Moisés Cortizo, Jefe de la 5ta. Compañía Victoriano Lorenzo “Los Cholos” de las Fuerzas de Defensa, quien me comentaba que se habían perdido las comunicaciones vía radio con los patrullas panameños que hacían el patrullaje conjunto con la policía militar del ejército de los EEUU y que el enlace con la contraparte norteamericana, se había roto.

Al colgar el teléfono, me cambié y en compañía del brigadista Plutarco Tuñón, montamos en mi vehículo y nos dirigimos raudos hacia el Fuerte Amador, sede de la “5ta. Cía. Victoriano Lorenzo” y del “Batallón Dignidad: Comando Torrijista 16 de diciembre”, al cual pertenecía.

La noche oscura cubría el camino, como mal presagio, lúgubre anticipo de lo que vendría. Al embocar la entrada de Fuerte Amador, notamos que la “garita” estaba oscura y vacía, todo el lado izquierdo del fuerte carecía de luz. Una terrible sensación y extrañeza nos embargó mientras aceleramos para llegar al edificio de la sede de “Los Cholos”.

Una actividad febril se daba en la armería; los soldados movían las armas a los camiones.

Llegamos a la sala de guardia tropezándonos con la tropa en movimiento. El Capitán Cortizo había dado la orden de evacuar equipo y tropa hacia el punto de re-organización (PRO), establecido en la Avenida de los Mártires.

Mientras los soldados evacuaban, el radio-operador insistía en hacer contacto con las patrullas conjuntas que según los Tratados, debían entrar a las bases militares norteamericanas. Todo intento fue infructuoso ¡Habían desaparecido!

Por otras vías se recibían informes de movimientos de aviones de la Fuerza Aérea de los EEUU, en la base de Howard. Se sentía que las cosas no andaban bien. Cortizo contactó al Jefe de Plaza esa noche en el Cuartel Central, el Coronel Virgilio Mirones, mientras yo llamaba a TV-2 y a la Radio Libertad, para que pasaran la alerta: “Atención, CLAVE CUTARRA, BD armas al hombro”…

El Capitán Cortizo logró hablar con el General Noriega, que se encontraba en el CEREMI en Tocúmen.

Yo llamé a los enlaces del “BD: CT16 de Diciembre”, las compañeras brigadistas Yasmira Esquina y Hercilia Cuevas, para decirles que comunicaran a los compañeros que NO intentaran entrar a Fuerte Amador, era muy peligroso, que nuestro PRO era detrás del Palacio Legislativo, una parte, y la otra en “la Canina” por la Avenida “Juan Pablo II”.

Las tropas de la “Victoriano Lorenzo”, seguían evacuando la sede de la 5ta Cía.; para mi sorpresa, los valerosos brigadistas: Ernesto Santos Rodríguez; Jorge Arosemena Torrijos; Manuel Carol; Elisabeth Morales; Alejandro Hubbard; Ángel Benítez, desobedeciendo las instrucciones impartidas, llegaron hasta donde nos encontrábamos en medio de la incertidumbre y la ansiedad. El ambiente era muy tenso.

Un autobús de “La Victoriano Lorenzo”, al mando del Teniente Bredio Chávez, con un contingente de soldados de “Los Cholos”, salía con los últimos pertrechos hacia el PRO. Al llegar a la esquina, por la salida del COGECODESE, se detienen y el Teniente Chávez, corre hacia la sala de guardia en donde estábamos los que quedábamos en el edificio y a voz en cuello dijo: “mi Capitán, distingo desplazamientos de los gringos del otro lado del campo”… Cortizo le espetó: “Teniente, le dije hace rato que evacuara”. Chávez retornó a toda prisa al autobús en medio de las tinieblas y emprendió hacia la salida. Esa escena la tengo vívida en mi memoria.

Tratando de ordenar las ideas y los movimientos, nos encontrábamos los pocos que quedábamos en la sala de guardia, cuando repentinamente y de forma sorpresiva, escuchamos un fuerte tableteo de ametralladoras pesadas hacia el noroeste; pasaron unos segundos interminables y más cerca, escuchamos otras detonaciones y fuego de ametralladoras… empuñamos las armas que teníamos y se desató la conflagración… el infierno… contra el edificio llovieron ráfagas de proyectiles… volaban astillas y esquirlas… éramos el blanco de las armas del 1er Batallón de la 508 División de Infantería Aerotransportada, apoyados por la 193 Brigada de Infantería del ejército más poderoso del mundo, que nos cayó como los ladrones, sin aviso, arteros, aprovechando la nocturnidad…

Protegidos en sus vehículos blindados M-113 y otros “tanques de guerra”, apretaron el volumen de fuego contra nuestra posición… enfrentamos desigual batalla… ensordecidos y abrumados; la adrenalina fluyendo a borbotones, temor, rabia, sudor frío, sangre, pólvora… decidimos replegarnos hacia la parte de atrás… salimos por la armería, y vimos venir helicópteros como de por los lados de la “base de Kobee”… les disparamos con los T-65, se recalentaron… raudos corrimos a buscar cobertura. Los helicópteros prosiguieron hacia el Cuartel Central.

Con Cortizo, decidimos que debíamos hacer todo lo posible para salir de esa “boca del lobo” que era Fuerte Amador, e intentar llegar al PRO (Punto de Re-Organización). Éramos 8 brigadistas del CT16D, y 6 combatientes de la 5ta Cía. Victoriano Lorenzo, en total 14 incluyéndonos a Moisés y a mí. Nos dividimos en tres (3) células y emprendimos el camino; pasamos por detrás del edificio del COGECODESE; corrimos, sentíamos el zumbar de las balas, las trazadoras, destellos… y en medio del fuego y las detonaciones, salimos del área, sufriendo la irreparable pérdida en batalla, rumbo a la eternidad, de los héroes, mis queridos e inolvidables compañeros: ANGEL BENÍTEZ; MANUEL CAROL; ALEJANDRO HUBBARD. También fueron heridos de gravedad por las balas de las tropas invasoras, en esa acción: ERNESTO SANTOS RODRÍGUEZ y JORGE AROSEMENA TORRIJOS (no murieron). Solo Dios sabe por qué el resto de este grupo de Patriotas, sobrevivimos sin ser alcanzados por las balas y proyectiles que volaron sobre nosotros.

El resto es historia, estuvimos horas en los alrededores de la Avenida de los Mártires y el Palacio Legislativo. Recrudeció el infame bombardeo al Barrio Mártir de El Chorrillo.  Llevamos heridos al Hospital Santo Tomás.

El 10 de enero de 1990, fui hecho prisionero por las tropas invasoras, encerrado en una celda de aislamiento en la cárcel militar de Fort Clayton. Al tercer día me trasladaron fuertemente custodiado y amarrado, hasta el campo de concentración de Nuevo Emperador donde en algún momento, llegaron a concentrar a más de 5,000 prisioneros de la invasión… solo injusticia… nada más injusticia. No existe ninguna justificación, ni moral, ni jurídica para tan deleznable hecho.

Los cientos y cientos de mártires del 20 de diciembre, merecen respeto y recordación. Los cuerpos de quienes desde ese nefasto día se encuentran desaparecidos, deben aparecer para honrarlos y darles cristiana sepultura.

La invasión del Ejército de los Estados Unidos fue injusta, cruel e innecesaria.

El 29 de diciembre de 1989, nueve días después del “asalto” a nuestra Patria, la Asamblea General de la ONU, aprueba la Resolución # 44/240, por medio de la cual se emite concepto condenatorio en contra del Gobierno de George Bush, por haber violado flagrantemente el derecho internacional y la integridad territorial e independencia de Panamá.

Benjamín Colamarco Patiño

Panamá, 19 de diciembre de 2014

 

Una historia común y un futuro compartido

El país debe sustentarse en valores, en principios, en objetivos superiores que direccionen la interactuación social y fortalezcan la cohesión estatal-nacional de la República.

Quienes nos identificamos con las luchas históricas de nuestro pueblo por preservar la integridad territorial del Estado, con sus aspiraciones y sacrificios, debemos reflexionar sobre el legado de los jóvenes institutores de 1964 y de todo un pueblo que con vergüenza de Patria, con sus valores fundamentales, se empinó sobre sus propias contradicciones por la soberanía, como estimuladora de propósitos.

Omar Torrijos, en su momento, supo recoger la bandera de la dignidad y con una amplia amalgama de voluntades, cumplió con el compromiso de erradicar el colonialismo de nuestro suelo patrio, recuperar nuestra plena integridad soberana y completar la escalada por la soberanía del ALPINISMO GENERACIONAL, cuya visión se hizo materia el 31 de diciembre de 1999, con la reversión plena del Canal para Panamá y la salida del último soldado extranjero de nuestra tierra.

La conquista de la soberanía plena y la eliminación de la “quinta frontera”, ciertamente fueron el producto de la acumulación de esfuerzos populares expresada en lo que hemos dado en llamar la LUCHA GENERACIONAL, que desde el mismo 18 de noviembre de 1903, fecha en que se rubrica en los Estados Unidos, el Tratado Bunau Varilla – Hay (que ningún panameño firmó), que crea el enclave colonial del “Canal Zone” y cuya vigencia pactada era a PERPETUIDAD, significó una afrenta a la dignidad nacional y una disminución de nuestra personalidad internacional, generando permanentes situaciones de conflicto y tensiones en las desiguales relaciones de Panamá con el “coloso del norte”.

La presencia colonial norteamericana, la de la discriminación racial, la del “gold roll” y el “silver roll” y los privilegios para unos pocos, enclavada en el corazón de nuestro suelo patrio, no dejó de recibir el repudio de los panameños, hecho patente con las manifestaciones populares de los grupos nacionalistas y progresistas, tanto de la juventud, los estudiantes, los trabajadores y sectores de la burguesía nacional, que veían en la “cerca oprobiosa del límite”, el avasallamiento, la prepotencia y la injusticia del colonialismo.

Cuando los estudiantes del INSTITUTO NACIONAL, la tarde del 9 de enero de 1964, deciden marchar en forma pacífica y ordenada, con la BANDERA NACIONAL como estandarte y la “cariátide” como columna simbólica que sostiene el espíritu indómito de la juventud, lo hicieron como reflejo del malestar latente que subyacía en el organismo de la nación, por el profundo desprecio de los “zonians” a nuestra dignidad como Estado Nacional.

El 7 de enero de 1963, se firma el Acuerdo Chiari – Kennedy, que establecía que en los sitios en que fuese enarbolada por las autoridades civiles de la Zona del Canal, la bandera de los  Estados Unidos, a la par debía ser izada la bandera de la República de Panamá. Los efectos de dicho Convenio, debían hacerse efectivos a partir de enero de 1964, sin embargo, en abierta violación a lo pactado e insubordinación a los mandatos de su gobierno, los “zonians” deciden no acatar el mandato contenido en el acuerdo firmado por los presidentes de ambos países.

El 3 de enero de 1964, el Sargento Carlton Bell, jefe del destacamento de la Policía “zoneíta” de Gamboa, con la abierta complicidad de sus superiores, decide no acatar las órdenes del Gobernador Fleming de la Zona del Canal, y enarbola la bandera norteamericana en la plaza de Gamboa. Dicha acción fue divulgada ampliamente por los medios de comunicación y paulatinamente imitada por estudiantes, padres de familia y otros policías de la Zona del Canal, quienes montaban guardia frente a las astas en los colegios “zoneítas”, en donde izaban solitaria la bandera norteamericana.

Cuando los estudiantes del Glorioso Instituto Nacional, se enteran del no acatamiento por parte de los “zonians” de lo pactado por ambos gobiernos, deciden que era un deber patriótico, hacer cumplir el contenido del Acuerdo Chiari – Kennedy,  pero sobre todo, reivindicar la Soberanía de Panamá sobre todo el territorio del Istmo, motivo de fondo de la discordia entre ambos países.

Los hechos que se sucedieron fueron trágicos para Panamá y su noble pueblo, 22 muertos y más de 500 heridos, bajo las balas de la policía norteamericana y la metralla del ejército más grande del mundo… y la ignominia del abuso y la infamia de los “poderosos” intereses del “stablishment” del norte.

Hoy, 50 años después, todo lo que se escriba, conlleva la idea de reivindicar a los héroes y mártires del 9 de enero, a la juventud de nuestra Patria y a todo un pueblo, que a riesgo de sus propias vidas, enfrentaron a la policía «zonian» y a la soldadesca extranjera, sólo con el pecho henchido de patriotismo y el emblema nacional en la máxima altura de la dignidad, integrando en el concepto, la culminación de esa lucha generacional, con Omar Torrijos y los Tratados Torrijos – Carter.

Lo cierto es que el CANAL es nuestro, gracias a esas luchas, a los protagonistas de la Gesta Heroica del 9 de enero y al liderazgo firme de TORRIJOS.

Digo lo anterior, porque  existe una vinculación directa entre los hechos del 9 de enero de 1964, la toma de conciencia nacional, y la abrogación total y definitiva del Tratado Bunau Varilla – Hay, que  se resume bajo el liderazgo de Torrijos, que supo interpretar y asumir las motivaciones de la juventud, y que ese Canal recuperado y los puertos recuperados, y el ferrocarril recuperado, y las tierras recuperadas, y el espacio aéreo recuperado, son los que han impulsado el crecimiento económico y la inversión que ha registrado el país desde hace más de 9 años; y que fue en el gobierno del Presidente Martín Torrijos, que se tomó la decisión soberana de ampliar ese Canal a través de un tercer juego de esclusas y con mentalidad abierta, en el año 2006, se sometió tal decisión a la voluntad popular a través de un Referéndum.

Finalmente, pienso que toda esa historia de sacrificios y luchas, de hidalguía y determinación, de patriotismo y entusiasmo, debe proyectarse hacia el futuro, desde la perspectiva de UN SOLO PANAMÁ, INTEGRADO ECONÓMICA Y SOCIALMENTE, que pone en el centro de atención, las necesidades fundamentales del ser humano.

Debemos tener presente que con el cumplimiento de los Tratados Torrijos – Carter, se produjo una transformación de la vieja economía, en otra en la que el complejo canalero, portuario y logístico se incorpora a la economía interna y se diversifica en su contenido como en sus rutas y actividades, proyectándose a su vez en un complejo sistema de servicios globales.

Esta plataforma incorporada al país desde el último día del año 1999, que ha impulsado el crecimiento económico, conlleva sus propias contradicciones, lo que implica y exige resolver las asimetrías sociales y la desigualdad, que son formas en que se expresa en el contexto actual, un proceso dinámico complejo, inequitativo y contradictorio de cambio en la sociedad, de su economía y de su cultura.

Esos son los retos que se derivan de la Gesta de los jóvenes del 9 de enero y de las etapas siguientes marcadas por Torrijos. Gestionar con claridad de propósitos la transformación de la sociedad y de su Estado, en la correcta dirección de la reforma, de la profundización y perfeccionamiento de la democracia (social, económica, política), de la justicia social, la dignidad humana y el desarrollo integral y sostenible, es el compromiso que tiene el Partido Revolucionario Democrático, en alianza con las organizaciones progresistas y los sectores independientes,  para hacer que coincidan el interés público, las políticas de Estado, con los mejores intereses generales de la Nación.

*El autor es economista y ex Ministro de Estado