“El General Omar Torrijos y la política minera en Panamá”

El General Omar Torrijos, líder del Proceso Revolucionario panameño, tuvo un papel significativo en la modernización del país y en la redefinición de su política económica, social y cultural. Durante su gobierno, se impulsaron reformas que buscaban recuperar nuestra plena integridad soberana y promover el desarrollo económico y social, incluyendo la creación de un marco institucional para la explotación de recursos naturales, como los minerales.

El Código Minero en Panamá
El Código Minero es el conjunto de leyes y regulaciones que rigen la exploración, explotación y gestión de los recursos minerales en Panamá. Durante el gobierno del General Torrijos, se sentaron las bases para una legislación minera más estructurada, aunque el Código Minero actual ha sido objeto de revisiones y actualizaciones en años posteriores (ver Ley 3 de 28 de enero de 1988, publicada en Gaceta Oficial N° 20985, entre otras). Este marco legal busca regular la actividad minera, garantizar que el Estado reciba beneficios económicos y, al mismo tiempo, establecer medidas para mitigar los impactos ambientales y sociales.

La creación de CODEMIN

La Corporación de Desarrollo Minero fue creada durante el gobierno del General Torrijos como una entidad estatal encargada de promover y regular la industria minera en Panamá. Su establecimiento formó parte de una estrategia más amplia para diversificar la economía del país, promover nuevos empleos y aprovechar los recursos naturales, incluyendo minerales como el cobre, el oro y otros.

CODEMIN tenía como objetivos principales:
1. Fomentar la exploración y explotación de recursos minerales en Panamá.
2. Regular la actividad minera para asegurar que se cumplieran las normas ambientales y sociales.
3. Negociar contratos y concesiones con empresas mineras, asegurando que el Estado recibiera una participación justa de los beneficios.
4. Promover el desarrollo económico a través de la minería, generando empleo y recursos para el país.

Contexto
Durante el Proceso Revolucionario, la creación de CODEMIN y la implementación de un marco legal minero reflejaron la visión de un Estado más activo en la gestión de los recursos naturales.

Sin embargo, debo reconocer que la minería en Panamá ha sido un tema controvertido debido a preocupaciones ambientales y sociales.

La única manera de mitigar esas preocupaciones es investigar antecedentes y documentos técnicos, buscar datos objetivos, hacer análisis costos/beneficios y conocer ubicación espacial-geográfica comparada.

Lo cierto es que la extracción de cobre en el siglo XXI ha evolucionado significativamente en comparación con los métodos extractivos utilizados hace un siglo. En la actualidad, la industria minera está sujeta a estrictas normas de mitigación ambiental y a tecnologías avanzadas que buscan minimizar el impacto ecológico. Además, se han desarrollado métodos de aprovechamiento más sostenibles, la mayoría de los cuales prescinden del uso de químicos agresivos o ácidos en el proceso de extracción. Estas innovaciones reflejan un enfoque más responsable y respetuoso con el medio ambiente, alineado con las demandas globales de sostenibilidad y conservación de los recursos naturales.

Finalmente, parece una paradoja, pero para cuidar el ambiente, el mundo debe propiciar y fortalecer el proceso de DESCARBONIZACIÓN, para ello es imprescindible avanzar en la transición energética y en la producción de energías renovables, vehículos eléctricos, aparatos eléctricos y acumuladores de energía, todo lo cual requiere COBRE.

Benjamín Colamarco Patiño

 “Nadie tiene el monopolio de la verdad”

El debate y la libre expresión de ideas son los pilares que permiten el crecimiento colectivo, la corrección de errores y la construcción de un pensamiento compartido. Sin embargo, en el Partido Revolucionario Democrático (PRD), el actual Comité Ejecutivo Nacional (CEN) se ha convertido en parte del problema, debido a la falta de una conducción política clara y orgánica que nos ha caracterizado como colectivo en el pasado. Esta carencia ha debilitado la funcionalidad y dinámica interna del partido, afectando aspectos cruciales como la orientación, la capacitación, la vocería y la estructura organizativa.

En los últimos años, hemos presenciado un declive preocupante. El clientelismo ha echado raíces, y nos hemos quedado estancados en una visión que no responde a las complejidades de la sociedad actual, marcada por la incertidumbre y las contradicciones que surgieron tras la pandemia. Peor aún, hemos perdido nuestra identidad ideológica, desdibujando los principios que alguna vez nos definieron como un partido Torrijista y Socialdemócrata. Hoy, corremos el riesgo de ser percibidos como un simple «club electoral», donde la formación político-ideológica ha quedado relegada a un segundo plano.

No podemos ignorar los errores que hemos cometido, ni las circunstancias que han puesto en riesgo nuestro proyecto político y las oportunidades de desarrollo para el país. Por estas razones, y muchas otras que sería extenso enumerar, considero imperativo iniciar un proceso profundo de reforma y autoevaluación —no de autoflagelación— que nos permita recuperar la esencia de un partido comprometido con los valores del Torrijismo y la Socialdemocracia. Es fundamental reivindicar la dimensión ética de la acción política y formar cuadros capacitados tanto en ideología como en gestión de gobierno.

El 8 de mayo del año pasado (2024), tras los resultados electorales, decidí apartarme, ponerme a un lado, sin pretensiones de figuración, con el objetivo de abrir espacios y propiciar un cambio que revitalice al PRD. Creo firmemente en la necesidad de nuevos liderazgos, con actitudes frescas y un compromiso inquebrantable con los principios y valores del Torrijismo, así como con los postulados ideológicos y programáticos de la Socialdemocracia. Solo así podremos servir verdaderamente al interés nacional.

El actual CEN debería seguir este ejemplo y comprender que la renovación no es una opción, sino una necesidad urgente para la regeneración revolucionaria y democrática del PRD. No debemos ser un obstáculo para este proceso; al contrario, debemos facilitarlo con humildad y visión de futuro.

Los traidores no están en el PRD. La verdadera deslealtad sería insistir en mantener el statu quo, permitir que la inacción y la conformidad nos alejen de la realidad y sus desafíos. No podemos permitir que el partido pierda su rumbo y su conexión con las necesidades del pueblo.

Benjamín Colamarco Patiño 
Panamá, 14 de marzo de 2025
www.benjamincolamarco.com

«Análisis de los principios fundamentales del Torrijismo»

Por:  Benjamín Colamarco Patiño

La Declaración de Principios del PRD, en su primer numeral, señala lo siguiente:

«El Partido Revolucionario Democrático es una organización política permanente cuyo pensamiento político, fines y objetivos se inspiran en el ideario Torrijista y en los postulados ideológicos y programáticos de la socialdemocracia.»

Sin partidos políticos no hay democracia. Los partidos políticos juegan un papel fundamental en cuanto a la organización de los ciudadanos que se unen para fomentar, mediante esfuerzos conjuntos, el interés nacional con base en una ideología compartida que los identifica.

Cuando se pierde esa cohesión, el partido pierde su esencia y finalidad. Involuciona hacia «partidos taxis» en el que individuos se suben y se bajan por conveniencias, o en «clubes electorales», personalistas o para lo que llamamos «la democracia de la audiencia».

En razón de ello, creo oportuno esbozar los conceptos que desde una perspectiva referencial enmarca nuestra ideología, en medio de un proceso complejo e incierto de cambio civilizatorio.

El conjunto de ideas y propósitos en el origen del Torrijismo, que lo define, ha sido su lucha por la recuperación de nuestra plena integridad soberana, un principio arraigado en la tradición antiimperialista latinoamericana que encuentra ecos en pensadores como José Martí y Simón Bolívar. Esta lucha por la descolonización no solo se limita a la independencia política, sino también a la emancipación económica y cultural, en línea con las ideas de Frantz Fanon y su crítica al colonialismo.

Además, el Torrijismo ha buscado la modernización del aparato público, el mejoramiento de las condiciones laborales y la expansión del Estado de Bienestar, inspirado en los principios de la Socialdemocracia y en figuras como Olof Palme y Willy Brandt, quienes defendieron la justicia social dentro de un marco democrático.

El Torrijismo impulsó la integración del cooperativismo y la organización y desarrollo de las comunidades, con un nuevo diseño institucional.

Podemos decir que el Torrijismo es la búsqueda constante de la conciliación entre eficiencia y justicia social, entre crecimiento económico y equidad, entre responsabilidad y libertad, principios que recuerdan la filosofía del desarrollo humano propuesta por Amartya Sen y Martha Nussbaum. También es un movimiento que busca equilibrar el nacionalismo con la integración latinoamericana, una idea que encuentra resonancia en el pensamiento de José Carlos Mariátegui y su visión de una América unida en su diversidad.

El Torrijismo persigue ampliar las oportunidades en el seno de la sociedad, evitando caer en el «burocratismo» y resaltando el valor de la solidaridad, un principio central en la ética del centroizquierda democrático.

Ser Torrijista significa mantener la fidelidad fundamental a la lucha por la paz y la autodeterminación de los pueblos, la defensa de la integridad territorial del Estado; por los derechos de ciudadanía de los más débiles, de los sectores menos favorecidos, en línea con la tradición de la socialdemocracia.

En esos términos, ser Torrijista o Socialdemócrata implica dar la batalla por una sociedad materialmente más equitativa, socialmente más justa, políticamente más democrática, culturalmente más avanzada y ambientalmente más sostenible, en un país soberano, objetivos que coinciden con pensadores como André Gorz y Joan Martínez Alier.

Además, ser Torrijista significa mantener la lealtad a principios y valores como el humanismo, la civilización, la paz, la libertad, la igualdad, el pluralismo, la solidaridad y la justicia social. Estos valores están profundamente arraigados en la tradición del humanismo socialista y democrático y en figuras como Erich Fromm y Albert Einstein, quienes defendieron la necesidad de un sistema económico y político que priorizara el bienestar humano sobre el lucro desmedido.

En la concepción de pensadores y políticos progresistas, ser Socialdemócrata o Torrijista significa participar de un movimiento en una sociedad de conflictos y diferencias, en la búsqueda de una equidad creciente, preservando siempre la libertad, el bien común y la soberanía. Esta visión se alinea con las ideas de John Rawls y su teoría de la justicia como equidad.

Puedo concluir:

El Torrijismo, en su esencia, representa una visión de país que busca la justicia social, la equidad y la soberanía, inspirándose en la rica tradición del pensamiento latinoamericano y la socialdemocracia. Su vigencia radicará en su capacidad para adaptarse a los nuevos desafíos, manteniendo siempre su compromiso con los valores fundamentales que lo definen.

En un mundo cada vez más complejo, el Torrijismo nos invita a reflexionar sobre la importancia de construir sociedades más justas, educadas, democráticas y sostenibles, donde el bienestar humano sea el eje central de todo nuestro esfuerzo.

El Torrijismo sobrevivirá conservando los principios, valores y objetivos de siempre, pero cambiando los instrumentos, la mentalidad y métodos de aplicación a una realidad distinta a la de hace unos años.

En el PRD, o recuperamos nuestras raíces y reivindicamos la necesidad de la reforma y el relevo, con un recto sentimiento del deber patrio, sentido del honor, la honradez y la lealtad, o corremos el riesgo de desaparecer.

Panamá, 11 de marzo de 2025

www.benjamincolamarco.com